Occidentali's Karma

Muchos expertos aseguran que la recuperación del mercado laboral vuelve a pisar el acelerador. Cuánto aborrezco a esta gente que da lecciones analizando sólo las cifras mientras ignoran la realidad de los que no trabajan y de otros muchos que lo hacen y sobreviven de casualidad.

El número de desempleados registrados en los servicios públicos de empleo en Asturias bajó en marzo en 2.160 personas respecto a febrero, el 2,5 por ciento, el cuarto mayor descenso en términos relativos entre las comunidades autónomas, hasta un total de 84.168 parados.

Según los datos publicados ayer por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, en relación a marzo de 2016 el paro baja en el Principado en 6.202 personas, el 6,86 por ciento, la segunda menor bajada entre las autonomías.

Son números y estadísticas que se publican y analizan en positivo aunque nada tengan que ver con la vida cotidiana de la mayoría. Lo mantengo aunque a veces sienta que navego contra corriente.  Hasta un amigo, hasta ahora más a la izquierda que yo, me dijo ayer mientras comíamos que es evidente que las cifras macro hacen mejorar nuestra Economía y esto es bueno para todos, incluso para nosotros que somos obreros de lápiz y el papel. Tomé manzanilla en lugar de café por el malestar que sentí en el estómago.

Así con todo, el cine y los libros aun me salvan de la estafa que resultó ser este futuro que nos habían prometido próspero en los años 80 a la gente de mi generación, cuando aun estábamos en la escuela.

Hoy sale a la venta y compraré la nueva novela de David Trueba (Madrid, 1969), “Tierra de campos” (Anagrama) en la que el protagonista, Daniel, se sube a un coche fúnebre para ir a enterrar a su padre al lugar donde nació, conducido por un chófer ecuatoriano, pintoresco y charlatán, de la mejor estirpe cómica.

Me adelantan que es una novela que a ratos se lee como una canción, que contiene la visión personal de un tiempo y unos lugares en los que el protagonista se construyó una identidad propia a fuerza de ideales y sueños, y también de algunos autoengaños y mentiras.

La dedicatoria del libro es para su hermano Fernando, “que nunca sigue los caminos que llevan a Roma”.